La deflagración en la tubería de Camisea redujo el suministro de gas a mínimos históricos, paralizó el 70% del GLP que consume el país y activó racionamientos, lo que abre escenario de escasez, alza de precios y especulación. Expertos advierten impacto en transporte, hogares, industria y generación eléctrica.
El Perú enfrenta una crisis energética a raíz de la deflagración en el ducto (tubería) de Camisea, registrada en la selva de Cusco y operada por la empresa privada Transportadora de Gas del Perú (TGP). El siniestro ha reducido drásticamente el suministro de gas natural y paralizado el transporte de líquidos de gas natural (LGN), insumo fundamental para producir Gas Licuado de Petróleo (GLP), que a su vez es un combustible esencial para los balones de cocina y millones de conductores.
La emergencia ocurre en un crítico escenario internacional debido al alza de precios del petróleo (por encima de los 82 dólares por barril) encarecido por el conflicto en Medio Oriente (guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán), lo que agita el panorama y lo convierte en una «tormenta perfecta».
El racionamiento de GLP reduce la oferta y presiona los precios
El golpe más inmediato recae sobre el GLP, insumo que utilizan las plantas envasadoras para llenar los balones de gas doméstico que consumen las familias peruanas.
El ducto afectado, operado por TGP, empresa cuyo accionariado está encabezado por el fondo estadounidense EIG con el 49,8%, seguida de la estatal argelina Sonatrach y la española Enagás, transporta cerca de 80 mil barriles diarios de líquidos de gas natural, que luego son procesados en la planta de fraccionamiento de Pisco, de donde se obtienen alrededor de 42 mil barriles diarios de GLP (50%).
Según explica a La República el exministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi, «el 70% del GLP que consume el Perú viene de Camisea y ese 70% está cortado».
Por su parte, el economista e investigador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Jorge Manco Zaconetti afirmó que Pluspetrol, operador de Camisea y principal abastecedor de gas natural desde Pisco, «desde hoy (ayer) dejó de vender GLP a granel y balones de 10 kilos».
Abel Camasca, presidente de la Asociación de Plantas Envasadoras de Gas (Aseeg), confirmó a este diario que el impacto ya se siente. «Ya comenzó un racionamiento en su terminal de Pisco» y la ruptura del ciclo logístico ha elevado los tiempos de despacho. Tan es así que una cisterna que antes cargaba (GLP a granel) en 14 horas ahora puede tardar de «2 a 3 días».
