Sin embargo, si algo nos enseñó la historia reciente —específicamente el fenómeno de Pedro Castillo en 2021— es que la verdadera voluntad popular no siempre se refleja en los gráficos de las encuestadoras.
En aquel entonces, un candidato que apenas figuraba en los márgenes terminó ganando la presidencia, demostrando que el «voto silencioso» y la decisión de último minuto son los que realmente definen el destino del país.
EL ESPEJISMO DE LAS CIFRAS
No nos llamemos a engaño. Muchas de las encuestas que hoy circulan parecen estar «armadas» o desconectadas de la realidad profunda de nuestras regiones, especialmente en Áncash.
Los porcentajes que vemos a menudo ignoran el sentir de los andes y la costa ancashina, tratando de imponer una narrativa que favorece a quienes tienen el capital para financiar campañas millonarias.
Debemos preguntarnos: ¿Ese candidato está ahí por su capacidad, o por el tamaño de su billetera?
La experiencia nos ha dictado una lección amarga: muchos de los que invierten fortunas para llegar al poder, lo hacen viendo al Estado como un botín para beneficio personal o familiar.
UN CONGRESO DE VERDAD PARA ÁNCASH
Este año enfrentamos un reto adicional: el retorno a la bicameralidad. No solo elegiremos a un presidente, sino a 60 senadores y 130 diputados. Para nuestra región, esta es una oportunidad crítica.
BASTA DE LOS «MISMOS DE SIEMPRE»: Áncash no puede seguir siendo representada por figuras que solo buscan blindaje político o por familiares de los dueños de los partidos.
REPRESENTACIÓN REAL: Necesitamos legisladores.
