Adrián atropelló a Lizeth y luego del violento impacto, aceleró la Chevrolet gris que manejaba. En su huída, se cruzó una luz roja de un semáforo en el cruce de la calle Esquilache con Camino Real, en San Isidro.
Mientras Lizeth agonizaba, tirada en la pista boca abajo con los brazos pegados al cuerpo, Adrián fugaba. A la primera persona que llamó fue a su papá.
Rubén Villar Froletz tiene 47 años y Adrián es su único hijo. Lo vio nacer en el 2005, cuando él tenía 26 años.
Rubén no tiene estudios superiores registrados. Sin embargo, siempre trabajó en el rubro de las comunicaciones.

En el 2009 entró a trabajar al canal de TV Frecuencia Latina como camarógrafo del noticiero. Excolegas lo describen como un trabajador presumido, a pesar de ser un “cámara cumplidor”.
Es en ese lugar donde conoce a la entonces reportera Marisel Linares. En ese año, 2009, Rubén tenía 30 años, su hijo Adrián 4 y Marisel 29.

El camarógrafo y la reportera empezaron una amistad que con el tiempo, aproximadamente en el 2012, terminó en una relación sentimental.
Para ese año, según se entiende de los documentos policiales, Rubén estaba cada vez más distanciado de la mamá de Adrián. Una separación poco amistosa.
Según un parte policial revisado por Perú21, en julio del 2011, Rubén chocó el carro de la mamá de su hijo y se dió a la fuga.

La denuncia la hizo la madre de Adrián, Marcela Chirinos Ayala. La razón de la agresión fue, según el documento, “porque la agraviada tiene nueva pareja”.
Todas esas peleas han quedado atrás, porque luego de que Adrián atropellara a Lizeth Marzano y le causara la muerte, su padre Rubén, su madre Marcela y la periodista Marisel Linares parecen estar muy unidos.

Lo trágico es que los actos y dichos que involucran a estas personas, vienen siendo cuestionados, porque se sospecha de un encubrimiento ilegal que va más allá de la sangre.
MÁS ALLÁ DE LA SANGRE
Adrián Villar llamó a su padre alrededor de la una de la mañana del miércoles 18 de febrero. Una hora y media después de haber atropellado a la campeona de buceo Lizeth Marsano.
Según el abogado de la víctima el registro de llamadas del celular de Adrián, evidencia que también llamó a la periodista Marisel Linares. Hubo mucha comunicación entre la 1 y las 3 a.m.

El dato tiene sentido, porque las cámaras de seguridad de San Isidro, registraron cómo a las 3:02 a.m. una camioneta blanca marca Ford, se estacionó al costado del parque Alfonso Ugarte.
Para ese momento Lizeth Marzano ya había fallecido. Convulsionó durante 27 minutos tirada en la pista mientras una ambulancia llegaba.

En vez de llevarla a una clínica que estaba a cuatro minutos, la llevaron a un hospital en Miraflores. Tardaron cerca de 15 minutos en su traslado, y aunque llegó con signos vitales, no resistió. Murió a la 1:30 a.m.
Una hora y media después de su muerte, de la camioneta blanca Ford estacionada al costado del parque Alfonso Ugarte, bajaron Adrián, su padre Rubén Villar y Marisel Linares.

En la imagen se ve a la periodista caminando de un lugar a otro, pero siempre cerca de Adrián y de Rubén, quien no paraba de hablar por teléfono.
Esa imagen de Marisel en el parque, fue clave para que la fiscal Yanet Roller Rodríguez de la Fiscalía Corporativa Penal de San Isidro, incorpore a la periodista como investigada en el caso por el presunto delito de encubrimiento.
MADRUGADA CÓMPLICE
En el parque, Adrián, Rubén y Marisel se reunieron con la entonces enamorada de Adrián: la influencer de moda Francesca Montenegro.
Ella apareció a las 3:12 de la madrugada junto a su padre, Juan Montenegro Bacigaluppi, un abogado especialista en derecho corporativo, defensa criminal y divorcios.

Según ha contado Montenegro, lo llamaron para pedir asesoría legal. Según la exnovia de Adrián, ella y su padre recomendaron que el joven se entregara a la justicia.
Lo curioso es que nunca se vió un intento de entrega. Al contrario, Francesca y su padre acogieron a Adrián en su departamento.
Mientras la familia Marzano lloraba la muerte de Lizeth en el hospital, Adrián se despedía con un abrazo de su padre y de Marisel, e ingresaba caminando a la casa de Francesca a las 3:39 a.m.

Lo que no sabían era que las cámaras de seguridad estaban grabando todos sus movimientos, porque desde el instante en que Adrián atropelló a Lizeth y se dió a la fuga, las alertas en la comisaría de San Isidro se encendieron.
Los policías empezaron a armar, con ayuda de las cámaras de seguridad, la ruta de Adrián previo al atropello.

Se dieron cuenta que 10 minutos antes de atropellar a Lizeth, el carro Chevrolet gris que manejaba Adrián salió de un edificio ubicado al frente del parque Alfonso Ugarte. Era la casa de Francesca.
Es por eso que cuando vieron que a las 3:39 a.m. Adrián entró al mismo edificio de donde salió el Chevrolet gris, empezaron a sospechar.
A las 3:42, llegó otra camioneta blanca a nombre de Marcela Chirinos, madre de Adrián Villar. Se ve cómo ella ingresa para ver a su hijo y finalmente se va a las 3:54 a.m.
Una hora después, a las 5:03 a.m. llegó un patrullero al edificio de Francesca. Un policía llamado Jhon Matencio bajó del vehículo y entró al edificio; salió luego de 15 minutos.

Según su declaración, Matencio habló solo con el conserje del edificio y le preguntó por el Chevrolet gris. El trabajador le dijo que habían más de 90 carros, que no podía decirle con exactitud de quién era el Chevrolet.
El policía se retiró y, a los 15 minutos, alrededor de las 5:32 a.m, llegó otro policía quien le tomó fotos al edificio donde Adrián estaba junto a su entonces enamorada.
A los 10 minutos, Adrián sale del edificio ubicado en la calle Eucaliptos de San Isidro y se sube a un taxi rojo a las 5:42 a.m.
El auto avanza con dirección a la avenida Javier Prado, rumbo a la casa donde el joven universitario vive con su mamá en Miraflores.

Los hechos registrados en esa madrugada, dejan claro que Rubén y Marcela, los padres de Adrián Villar, no tuvieron la mínima intención de poner a su hijo ante la justicia.
Guste o no, la ley los amparaba. Si bien existe un deber general de denunciar cuando una persona conoce la existencia de un delito, la propia ley exonera a los padres de ese deber cuando se trata de sus hijos.
El caso de Linares no es necesariamente el mismo.
AMOR DE MADRASTRA
Desde las 7 a.m. del miércoles 18, los teléfonos de diferentes abogados empezaron a sonar. Era Marisel Linares, quien estaba buscando abogado.
Esa búsqueda, no la hizo sola. Según nuestras fuentes, ella, Adrián y Rubén, tuvieron reuniones con diferentes abogados.

A esa hora, gracias a la cobertura de la prensa, ya se conocía que Lizeth Marzano había fallecido y que la policía había iniciado una investigación.
Los efectivos no tenían más pistas que un pedazo del Chevrolet gris que quedó tirado en el lugar donde atropelló a Lizeth.
En esa pieza del carro había unos códigos de fabricación. Era él único hilo que la policía jalaba, mientras Linares y Adrián buscaban abogado.

Pero todo eso cambió a las 3:50 p.m. cuando la policía, gracias a la pieza del carro que había quedado tirada en el lugar del accidente, identificó la placa del Chevrolet gris.
Aquí empieza un hecho que aún no está claro. Si la policía ya había identificado la placa del carro, podían identificar al dueño a través de registros públicos.
No se ha confirmado si hicieron ese procedimiento, porque de haberlo hecho, hubieran dado con un dato sumamente relevante: la dueña del carro era la periodista Marisel Linares.

Todos esos hechos aún son investigados, sin embargo, queda claro que Marisel, al igual que los padres de Adrián, nunca tuvo la intención de acusarlo ante la justicia.
Un hecho que demuestra esa intención es que el miércoles 18 a la 9 p.m., Linares emitió un comunicado en sus redes sociales diciendo que el carro Chevrolet gris no estaba en su “poder” desde septiembre pasado.
También dijo que el responsable del atropello asumiría su responsabilidad, pero nunca mencionó el nombre y mucho menos se apersonó a una comisaría.
Todo indica que la familia buscaba que pasen las 48 horas de flagrancia. Un proceso legal que habría podido juzgar a Adrián en pocos días y, tal vez, enviarlo a la cárcel.
¿ESTRECHA FILIACIÓN?
Otros dos hechos que complican a Linares es que desde un primer momento ella y Adrián tuvieron el mismo abogado.
Ese mismo letrado, dijo que luego del atropello, Adrián entró en shock traumático y fue internado en una clínica; sin embargo, nada de ello se ha demostrado hasta el momento con papeles.

El último hecho es un documento que apareció en los últimos días: una aparente intención de donación del Chevrolet gris.
El reporte de la donación fue publicado por algunos periodistas e intentaba demostrar que Linares quiso regalar el auto a Adrián en septiembre del año pasado.
El notario no ha negado que su notaría tenga en su poder ese documento, lo que no acepta es que hayan realizado algún tipo de trámite en Registros Públicos.
En términos simples, hubo una intención pero no se materializó el traspaso del carro a nombre de Adrián.
Lo curioso de esta gestión es que, según Elio Riera, abogado de Marisel Linares, no existe ningún voucher de pago en la notaría por este trámite. Dijo a Perú21 que iniciaron la gestión y “por descuido” no siguieron con el proceso.

Una situación extraña, ya que toda notaría cobra por el ingreso del documento y solo en algunas excepciones, cuando el cliente es muy amigo del notario, los pagos se pueden hacer posteriormente.
La defensa de la periodista confía en que demostrará la “estrecha filiación” y califica a Marisel de madrastra. Un término que no es preciso porque ella y Rubén no están casados.
Para demostrar cercanía tendrá que acreditar, por ejemplo, que Linares vive con Adrián. Eso está descartado porque el joven vive con su madre.
Otros factores que podrían mostrar la “estrecha filiación”, son que Linares asume algunos gastos de Adrián o que tienen algún otro tipo de dependencia.
Todo eso será evaluado por la justicia. Si las autoridades consideran que hay una relación cercana, el delito de encubrimiento no procederá.
Si la justicia considera que no hay una relación de afinidad cercana, Marisel puede afrontar una pena no menor de tres, ni mayor de seis años de prisión.
Perú21
