La etapa de Koki Noriega Brito al frente de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) llega a su fin este 15 de enero, cerrando un periodo que, según diversos sectores y autoridades regionales, no generó avances concretos ni beneficios reales para los gobiernos regionales del país.
Durante su gestión, la ANGR no logró fortalecer la descentralización ni consolidar una agenda común que responda a las principales demandas de las regiones. Por el contrario, el balance deja una sensación de oportunidad perdida y frustración entre los propios gobernadores, quienes no vieron traducidas las promesas en acciones efectivas.
ÁNCASH, UNA REGIÓN POSTERGADA
Mientras Noriega concentraba su actividad en Lima y en escenarios nacionales, Áncash permanecía con una gestión regional debilitada, marcada por la paralización de obras, baja ejecución presupuestal y una notoria ausencia de liderazgo político.
Sectores clave como salud, educación e infraestructura continuaron sin respuestas claras, incrementando el malestar ciudadano y la percepción de abandono en las provincias.
UN SALDO CUESTIONADO EN LA ANGR
El paso de Noriega por la ANGR se caracterizó por:
• Falta de avances reales en descentralización
• Ausencia de logros tangibles para las regiones
• Desconexión con las necesidades de los gobiernos regionales
• Predominio de la exposición política sobre la gestión efectiva
Con el término de su mandato en la ANGR, Koki Noriega anuncia que se dedicará nuevamente a la gestión regional, aunque para muchos este retorno llega luego de un periodo que dejó más expectativas que resultados.
Cabe recordar que a fines de este año también culminará su mandato como gobernador regional de Áncash, cerrando una gestión que ha sido duramente cuestionada por amplios sectores de la población.
Áncash y las regiones no olvidan: cuando se tuvo la oportunidad de liderar, no pasó nada. #Ancash#Huaraz
