La mañana del viernes 29 de mayo de 2026, la histórica plaza de Armas de Pampas dejó de ser el escenario de una ceremonia oficial encabezada por el alcalde de Pampas para convertirse en el epicentro de una protesta popular que puso al descubierto el profundo malestar social que atraviesa uno de los distritos de la provincia de Pallasca con importantes recursos mineros, pero donde persisten graves carencias en servicios básicos e infraestructura, donde cientos de pobladores reclaman obras, servicios básicos y el cumplimiento de promesas que siguen pendientes.
Lo que debía ser una jornada de rendición de cuentas y presentación del Presupuesto Participativo 2027 terminó con el alcalde de Pampas, Abraham Juárez Gabriel, rodeado por una enfurecida multitud que lo insultaba, lo empujaba y buscaba colocarle una pollera como símbolo de rechazo a su gestión. Por momentos, la situación estuvo fuera de control y la autoridad edil estuvo a punto de ser linchada por un grupo de manifestantes que exigía respuestas ante años de promesas incumplidas.
La escena reflejaba mucho más que una protesta. Era la expresión acumulada de décadas de abandono, necesidades postergadas y frustraciones que encontraron en la figura del alcalde el rostro visible de un Estado ausente.
Por qué los pobladores protestaron contra el alcalde de Pampas?
Desde muy temprano comenzaron a llegar a Pampas decenas de pobladores procedentes de los caseríos y centros poblados asentados en las riberas del río Marañón. Mujeres, agricultores, adultos mayores y dirigentes sociales recorrieron largas distancias para participar en la movilización convocada por el Frente de Defensa y Desarrollo de los Pueblos de las Riberas del Marañón del distrito de Pampas (Fredeprim Pampas).
Su principal reclamo era uno solo: la electrificación.
Para los habitantes de más de veinte localidades de la cuenca del Marañón, la energía eléctrica sigue siendo una promesa electoral repetida durante años por distintas autoridades. El proyecto existe, los anuncios se han multiplicado en campañas políticas y discursos oficiales, pero la obra continúa inconclusa.
Mientras otras zonas del país avanzan hacia la digitalización y la conectividad, cientos de familias en esta parte de Áncash continúan viviendo con lámparas, velas y generadores improvisados.
La paciencia parece haber llegado a su límite.
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