Analistas advierten que economías ilegales fortalecen redes armadas en regiones mineras.

La expansión de la minería ilegal en Perú comenzó a encender alertas en círculos políticos y de seguridad, donde algunos analistas ya evalúan escenarios extremos para enfrentar el crecimiento de las mafias del oro.
Entre las hipótesis que circulan en el debate aparece la posibilidad de una estrategia de gran escala que incluya cooperación militar internacional e incluso apoyo tecnológico de Estados Unidos para enfrentar a las redes criminales que controlan amplias zonas del territorio.
El temor surge a partir del crecimiento sostenido del negocio ilícito. Diversos informes estiman que la minería ilegal mueve miles de millones de dólares cada año y que cerca de una quinta parte del oro que exporta el país tendría origen ilegal.
Ese flujo económico permitió que organizaciones criminales fortalezcan su estructura, amplíen su influencia territorial y establezcan economías paralelas en regiones remotas.
Redes criminales en expansión
La especialista en conflictos socioambientales de la organización CooperAcción, Julia Cuadros, advirtió que el fenómeno superó el ámbito ambiental y se convirtió en un problema de seguridad.
“La minería ilegal se ha convertido en una de las economías criminales más poderosas del Perú y está vinculada a delitos como la trata de personas y el lavado de activos”, señaló.
La violencia vinculada a esta actividad ya muestra señales preocupantes en varias regiones. En la provincia de Pataz, grupos armados se disputan el control de zonas ricas en oro y protagonizan ataques contra operaciones mineras formales.
Según reportes periodísticos regionales, al menos 17 personas murieron en 2025 en hechos relacionados con este conflicto.
El analista de seguridad Pedro Yaranga explicó que el fenómeno evolucionó hacia estructuras criminales complejas.
