
Mientras la gestión de Koki Noriega intenta mostrar un 70.8% de ejecución presupuestal como señal de avance, esa cifra necesita contexto.
Ese 70.8% es un dato consolidado: mezcla gasto corriente —como planillas, servicios y funcionamiento del Estado— con inversión pública. Por eso no puede presentarse directamente como “70.8% de obras” ni “70.8% de desarrollo”.
El dato realmente sensible está en los proyectos de inversión, donde el avance citado bordea apenas el 40.3%. Es decir, la ejecución vinculada directamente a obras e infraestructura va muy por debajo de la cifra global que se promociona.
Más de S/ 1,071 millones aún sin devengar.
Con un PIM aproximado de S/ 3,670 millones y un devengado de S/ 2,599 millones, todavía queda una brecha superior a los mil millones de soles pendiente de ejecución.
Y el problema también se observa en el interior de la región: durante los primeros nueve meses de 2026, 12 municipalidades distritales de Áncash registraron menos del 10% de ejecución presupuestal, según la información citada de la Consulta Amigable del MEF.
Ahora aparece otro riesgo: querer recuperar en pocas semanas lo que no se ejecutó durante gran parte del año. Acelerar el gasto al cierre no garantiza calidad, y por eso debe vigilarse que los recursos terminen en obras correctamente ejecutadas y no solo en una mejor estadística.
La cifra global puede verse bonita, pero no cuenta toda la historia. El verdadero desarrollo se mide en carreteras terminadas, hospitales funcionando, colegios construidos, agua potable y servicios que lleguen a la población.
Áncash no necesita porcentajes para celebrar. Necesita resultados que se puedan ver y usar.

