
Estudios científicos del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) y otras entidades señalan que la acidez extrema y la presencia de metales pesados en la subcuenca río Negro se deben al retroceso glaciar.
Población campesina y agricultores advierten riesgo latente en la seguridad alimentaria e hídrica de más de 628 habitantes, exigiendo la ejecución de proyectos de inversión pública para captación de agua limpia.
Recuay – Huaraz, Áncash. — Ante la crítica situación socioambiental que afecta a la subcuenca río Negro, las autoridades locales, comités de usuarios de agua, comunidad campesina Cordillera Blanca y Juntas Administradoras de Servicios de Saneamiento (JASS) de los centros poblados de Canrey Chico y Pariapata, y de los caseríos de San Miguel de Achic, Kakapaqui y Tambo Río Negro (Recuay) lanzaron un firme llamado a los gobiernos local, regional y nacional para intervenir de manera inmediata frente al problema del drenaje ácido de roca (DAR).
De acuerdo con los resultados técnicos presentados por el INAIGEM (2026), el retroceso acelerado de los glaciares deja expuestas rocas que, al entrar en contacto con el agua y el oxígeno, pueden generar aguas ácidas con presencia de metales. El monitoreo identificó problemas de acidez y presencia de metales en el agua. Asimismo, los estudios encontraron presencia de determinados metales en los cultivos, que son riesgosos para la salud, especialmente de niños y adultos mayores.
Las autoridades comunitarias recalcaron con firmeza un aspecto fundamental para deslindar cualquier desinformación: «El agua del río Negro contiene metales y es ácida debido al retroceso glaciar, lo cual constituye un fenómeno natural y no minero».
Asimismo, enfatizaron que el problema está estrechamente vinculado al cambio climático, por lo que las familias agricultoras y ganaderas exigen una respuesta articulada del Estado.
Riesgo directo en la agricultura familiar y la salud
La afectación no solo golpea la disponibilidad del recurso hídrico, sino que compromete directamente la seguridad alimentaria de más de 628 familias dedicadas a las actividades agrícolas y ganaderas. Estudios técnicos han detectado concentraciones críticas de plomo, cadmio y arsénico en cultivos de pan llevar y parcelas de chocho (tarwi), así como bioacumulación en pastos cultivados que sostienen la ganadería local. Por ejemplo, en los granos y hojas del tarwi se identificaron concentraciones de 0.226 mg/kg de plomo, 0.242 mg/kg de cadmio y 0.88 mg/kg de arsénico, valores que superan los límites máximos permitidos.
Ante este panorama, las comunidades solicitan al Gobierno Regional, a la Municipalidad Provincial de Recuay y a los sectores del Ejecutivo:
- Priorizar proyectos que permitan acceder a fuentes de agua de mejor calidad.
- Realizar evaluaciones de salud para determinar posibles riesgos asociados a una exposición prolongada de la población.
- Fortalecer la articulación con la ANA y el INAIGEM y otras entidades competentes para salvaguardar el bienestar de las familias.
Las comunidades de Pariapata y Canrey Chico reafirman su compromiso de mantenerse organizadas y exigen a los tomadores de decisiones priorizar el presupuesto necesario para garantizar agua limpia, desarrollo sostenible y la protección de la vida en las altas subcuencas de Áncash. “Necesitamos que esta problemática sea atendida y que se evalúen alternativas que garanticen agua segura para nuestras familias y actividades productivas”, señaló Federico Depaz, Presidente de Comité de Usuarios de Agua de Canrey Chico.
