La Cordillera Blanca atraviesa transformaciones drásticas producto del cambio climático, una situación que no solo incrementa el riesgo de desastres naturales en Áncash, sino que amenaza con desatar una severa crisis hídrica en los próximos años.
El desprendimiento y retroceso de la masa glaciar representa la evidencia más palpable de este fenómeno en la región. La pérdida paulatina de hielo ha comenzado a deteriorar la calidad de las cuencas y exige un cambio de enfoque inmediato por parte de los organismos técnicos: pasar de la prevención de riesgos a proyectos concretos de almacenamiento y regulación hídrica.
«Parte de la crisis climática va a ser la crisis hídrica. No solo debemos evaluar la seguridad, sino realizar estudios de aprovechamiento. Es necesario construir reservorios, embalses y, sobre todo, conservar los ecosistemas que almacenan agua en lluvias para sostener los ríos en época seca», advirtió el Ing. Jesús López Gómez, exinvestigador del Inaigem.
Respecto al estado de las fuentes de agua, el especialista precisó que la acidificación por la geología del suelo afecta principalmente a las cuencas ubicadas desde Huaraz hacia el sur, mientras que la zona norte registra una menor alteración. A esto se suma el grave problema de la contaminación urbana, ya que las principales ciudades continúan vertiendo sus aguas servidas directamente a los cauces de los ríos sin tratamiento alguno.
La laguna de Palcacocha, que alberga más de 17 millones de metros cúbicos de agua, representa un peligro latente y recurrente para la población huaracina. Frente a esta situación, la solución no debe limitarse al desaguado preventivo, ya que dicha laguna es la principal fuente de abastecimiento de agua potable para Huaraz. El exinvestigador urgió a las autoridades competentes a ejecutar obras definitivas de ingeniería que refuercen la seguridad del vaso lagunar y aseguren el recurso para el consumo humano y la agricultura.
