Desde temprano se advertía que no sería un día cualquiera en Chacas. La gente avanzaba hacia la iglesia por las calles conocidas, familias enteras, ancianos, jóvenes y niños, hasta que el templo quedó lleno y aquella multitud silenciosa, reunida frente a Mama Ashu, confirmando una vez más que ciertas tradiciones pueden sobrevivir a los años porque permanecen arraigadas en la memoria de un pueblo.
La misa fue presidida por el padre Luca, con la presencia del alférez Laura Ramos y familia, sobre quienes recayó este año la responsabilidad y el honor de encabezar una de las celebraciones más entrañables de la festividad de la Virgen de la Asunción.
Luego vino la procesión. Las puertas se abrieron y Mamá Ashu salió al encuentro de Chacas. Afuera guardaban los músicos, los bailarines, las danzas tradicionales y una población que parecía multiplicarse a medida que avanzaba el recorrido.
Había quienes rezaban, quienes buscaban acercarse unos metros más a la Virgen y quienes observaban en silencio. También estaban aquellos que regresaron a Chacas precisamente por estos días, porque agosto tiene aquí una extraña fuerza de convocatoria: hace volver a quienes se fueron y reúne nuevamente a familias y amigos alrededor de una devoción compartida.
La procesión avanzó lentamente, como avanzan las ceremonias que no tienen prisa porque llevan siglos repitiéndose. Entre música, danza, plegarias y emoción, la imagen recorrió las calles acompañadas por cientos de personas.
Pero acaso lo más importante no estaba únicamente en la multitud ni en la solemnidad de la ceremonia.
Estaba en comprobar que los niños de hoy caminaban junto a sus padres del mismo modo en que estos caminaron alguna vez junto a los suyos. Allí está quizás el secreto de Mamá Ashu: una generación entrega a la siguiente una fe, una fiesta y una memoria que ningún documento podría conservar mejor que la propia gente.
Y así, mientras la Virgen avanzaba por Chacas, no era solamente una procesión la que recorría sus calles.
Era un pueblo llevando consigo su historia.
¡Viva Mamá Ashu! ¡Viva Chacas!
JC VILLANUEVA P.
