Un día como hoy, hace 56 años, ocurrió una de las peores tragedias del Perú: el devastador terremoto de magnitud 7.9 que destruyó la ciudad de Huaraz y provocó el alud que arrasó con Yungay, en la región Áncash.
El movimiento telúrico, que se registró la tarde de aquel 31 de mayo de 1970, dejó más de 70 000 fallecidos y ocasionó la desaparición de otros 20 000 habitantes de Yungay, tras la caída de una gigantesca masa de hielo, lodo y rocas se cayeron.
Sixtilio Rojas Gamboa, uno de los sobrevivientes del terremoto, contó que en el día de la tragedia se encontraba en Chimbote, preparándose con sus amigos para acudir a una fiesta en la ciudad. Y alrededor de las 3:23 p.m. sintió el remezón tan fuerte que – según describe – impedía que todos se mantuvieran de pie.
“En ese momento yo me encontraba en la calle acá en Elías Aguirre, en Chimbote. En ese entonces las casas eran de adobe, eran quintas y callejones […]. Felizmente atinamos a unirnos en grupo, abrazarnos y entre todos, con varios ojos, miramos a diferentes lados”, detalló.
“Una pared cayó de un lado, pero logramos subir encima de los adobes y luego cayó la pared; y así la pared siguiente y fueron cayendo los techos. Y luego fue cuando se abrió la tierra, cuando empezó a salir agua”, agua.
Rojas Gamboa dijo que, tras el fuerte movimiento telúrico, las casas de la ciudad quedaron bajo escombros.
“Chimbote quedó totalmente en la calle…”, indicó.
Sobreviviente narra que perdió a sus hermanos en el terremoto
Mientras tanto, el periodista Carlos Martínez, sobreviviente de la tragedia, recordó los momentos de devastación que dejó el desastre, calificando el hecho como un episodio crítico y devastador, comparable con la explosión de una bomba nuclear en Hiroshima.
Al momento del sismo tenía 15 años y se encontraba en el convento San Francisco de Sales, en Huaraz, preparándose para una procesión junto a otros 13 niños y sacerdotes.
Posteriormente, al dirigirse a su vivienda, encontró que su hermana y su hermano menor, de un año, habían fallecido dentro de la casa familiar. Describió el escenario posterior al terremoto como un desconcierto absoluto, acompañado por una densa neblina de tierra y la ausencia de agua, alimentos y energía eléctrica.
“Fue triste, muy triste y bueno, bueno, como te repetía, fueron momentos donde no teníamos qué comer…”, narró.
En el marco de la conmemoración de la tragedia, Martínez expresó su preocupación por la falta de preparación de la ciudadanía frente a los desastres naturales. Señaló que existe indiferencia ante los simulacros nacionales y que no se ha consolidado una cultura de prevención en el país.
RPP
