

El sitio arqueológico Wari, con más de mil años de antigüedad, acumula nuevos descubrimientos que reescriben la historia de la costa peruana.
Luis Ángel de la Flor Fernández, arqueólogo residente y huarmeyano, detalla los avances del programa de investigación que opera en el valle.
El Castillo de Huarmey es un mausoleo del periodo Wari con aproximadamente mil a mil doscientos años de antigüedad, y uno de los sitios arqueológicos más importantes del país. Ubicado en la provincia homónima de la región Áncash, el lugar es investigado por el Programa de Investigación Arqueológica Castillo de Huarmey, dirigido por el arqueólogo Miłosz Giersz, con Roberto Pimentel como codirector peruano y Luis Ángel de la Flor Fernández como arqueólogo residente.
El sitio cobró relevancia nacional en 2012 con el hallazgo de su cámara funeraria principal: 63 fardos funerarios encabezados por la llamada Dama de Huarmey, acompañados de un ajuar completo con todas las evidencias características de la cultura Wari. Desde entonces, las excavaciones no se han detenido y los descubrimientos continúan sumándose, con un dato que los hace aún más significativos: son huarmeyanos quienes lideran buena parte de esa labor.
Un investigador de casa en el corazón del Wari
De la Flor Fernández es oriundo de Huarmey y hoy figura como arqueólogo residente del programa. Su trayectoria encarna lo que el propio sitio representa: la continuidad de una identidad local que se remonta más de mil años. «Somos parte de lo que en algún momento se consideró el primer imperio antes al Tahuantinsuyo. Tenemos antecedentes del Imperio Wari en Huarmey y, como huarmeyanos, debemos sentirnos descendientes de este imperio desarrollado dentro de nuestra localidad», señaló.
Esa mirada desde adentro también acompaña los hallazgos más recientes. Entre ellos destaca el registro de restos óseos de cuyes en el interior de las cámaras funerarias del sitio, asociados tanto a contextos ceremoniales como a la vida cotidiana de sus ocupantes. Se trata de los restos más antiguos de este tipo documentados hasta ahora en un sitio arqueológico del país, y su presencia refuerza la teoría de la domesticación temprana del cuy en la región Áncash y su valor simbólico en las sociedades precolombinas: el animal no solo fue criado como fuente de alimento, sino que también cumplió un rol en ceremonias vinculadas a la cosmovisión andina.
A ello se suma el descubrimiento de los restos de un artesano de élite, posiblemente el mismo que elaboró los objetos funerarios de la Dama de Wari. Su entierro, ubicado en las inmediaciones de la cámara principal, estaba acompañado de joyas de oro y plata, cerámica fina y utensilios de madera, lo que confirma el alto estatus de quienes trabajaron al servicio de la nobleza Wari en este enclave de la costa de Áncash. Un artesano local que, como De la Flor Fernández hoy, fue protagonista en su propio territorio.
Para la campaña de este año, el programa tiene previsto ampliar sus intervenciones más allá del Castillo de Huarmey, consolidando una visión integral del territorio Wari en la región. En ese marco, Compañía Minera Antamina, aliado del proyecto desde sus inicios en materia de publicaciones, investigaciones y conservación.
El sitio está abierto a visitas, y el equipo extiende la invitación a conocerlo como un punto de referencia histórico y un espacio para reconocer la identidad de la provincia de Huarmey como parte del legado del Imperio Wari.
