Un nuevo hecho que evidencia el abandono de las vías rurales se registró en la provincia de Mariscal Luzuriaga, donde una unidad de la empresa Sifuentes, que se dirigía de Pumpa a Lima, quedó atrapada en una carretera vecinal afectada por derrumbes y la falta de mantenimiento, obligando a los propios pasajeros a bajar del bus para retirar piedras, tierra y habilitar el pase.
El incidente ocurrió antes de llegar a Pampachacra, en el tramo de la vía vecinal que conecta hacia el distrito de Eleazar Guzmán Barrón, una ruta que, según la denuncia, se encuentra en completo abandono por parte de las autoridades responsables. En las imágenes se observa a los viajeros y conductores realizando esfuerzos para mover el material caído, mientras la unidad permanece detenida en una zona estrecha, peligrosa e inestable.
La escena retrata una realidad dura y profundamente desigual: en pleno siglo XXI, todavía hay pueblos donde los ciudadanos no solo deben soportar carreteras destruidas, sino también convertirse en obreros improvisados para poder continuar su camino. Lo sucedido no puede ser tomado como un hecho aislado, sino como la muestra más visible de la diferencia social, el abandono estatal y la falta de responsabilidad, conocimiento y empatía de quienes tienen el deber de garantizar vías transitables y seguras.
De acuerdo con la denuncia, esta carretera, al ser una vía vecinal, debería recibir atención oportuna de las instancias competentes, entre ellas el Instituto Vial Provincial (IVP) y la Municipalidad Provincial de Mariscal Luzuriaga. Sin embargo, la realidad que enfrentan diariamente transportistas, pasajeros y familias de la zona sería otra: caminos vulnerables, derrumbes constantes y ausencia de intervención inmediata cuando ocurren emergencias.
Lo más grave es que este abandono no solo afecta la comodidad del viaje, sino que pone en riesgo la vida de decenas de personas. El bus quedó varado en un tramo angosto, rodeado de lodo, rocas y pendiente, en condiciones que podrían desencadenar una tragedia mayor. Aun así, ante la falta de maquinaria oportuna, fueron los mismos usuarios quienes terminaron resolviendo una situación que no les correspondía enfrentar.
La población exige que las autoridades provinciales dejen de mirar de lejos la realidad del campo y atiendan de inmediato esta ruta con trabajos reales de mantenimiento, limpieza y prevención. No es posible que una carretera por la que transitan ciudadanos de zonas alejadas siga siendo tratada con indiferencia, como si la seguridad y dignidad de estas poblaciones valieran menos.
Lo ocurrido en este tramo antes de Pampachacra vuelve a abrir una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta cuándo las comunidades rurales seguirán soportando el olvido mientras las autoridades aparecen solo en el discurso? Porque cuando un bus queda atrapado y sus pasajeros tienen que bajar a abrir camino con sus propias manos, ya no se trata solo de una vía deteriorada, sino de un Estado ausente.
